Mi querido “Estado de Libertades”, esta panacea que nos presentan a diario como la redentora de todos los males, el paraíso terrenal que el pueblo cree ver y sentir, pero que ante la mirada de un niño, tal como en la moraleja del ” El traje nuevo del emperador”de Hans Christian Andersen, se caería
El Estado garantiza las libertades, ¿pero de quien?, ¿se lo preguntamos a las victimas del terrorismo, por ejemplo?.
Nuestro querido Estado, tan fuerte como Goliat y vencido por unos copos de nieve.
Maestro del engaño, presentándose como el salvador de la miseria que él mismo ha ocasionado, manipulador y mezquino, aprovechador de la ignorancia que durante años ha ido sembrando en el pueblo, convirtiéndolo en un rebaño dócil, sumiso, obediente, manso y resignado -”Digámosles que son libres y tratémosles como esclavos”- ¡qué bien han sabido poner en práctica esa frase!.
Nos enseñan a comprar sin piedad, somos consumidores feroces, generosos en el derroche y tacaños en sentimientos, ricos en lo material y pobres en lo espiritual, luchadores infatigables en el campo de batalla de las Rebajas, y pusilánimes frente a la esclavitud a la que nos venos sometidos.
Un pueblo despojado de sus creencias, es un pueblo inerte, matar su sentido espiritual es condenarnos a ser robots, manejados sin ni siquiera saber por quien y sin darnos cuenta que somos títeres de fácil funcionamiento, en esto nos estamos convirtiendo, en zombis a merced de unos intereses que harán más grande al gigante y más pequeño al pueblo.
Damos importancia a cosas que no la tienen, nos presentan y adquirimos infinidad de productos que pensamos que son imprescindibles pero como dice un proverbio indio:
“Sólo cuando el último árbol sea cortado, sólo cuando el último río sea envenenado, sólo cuando el ultimo pez sea pescado, sólo cuando el último animal sea cazado, nos daremos cuenta que el dinero no se come”.
Solo entonces suplicaremos al Dios o a los dioses, a esos mismos que desde un autobús nos lanzan que no creamos, que no existen y que disfrutemos de la vida, de esa “vida” que nos venden y que no es más que Sodoma y Gomorra .
Todo está ya escrito, todo está inventado de ahí la enorme maniobra de distorsionar, ocultar y el aplicar la “Damnatio memoriae “.
Busquemos la verdad de los hechos y de la historia pues solo así tendremos criterio propio para desenvolvernos en la vida, sin ataduras, sólo de esta forma conseguiremos ser libres.
Conciencia.















Genail, que buen texto
gracias
La verdad es que vivimos enjaulados sin darnos cuenta.
Gracias por el texto.