06
Ene
09

Trece menores inmigrantes expulsados de un centro.

Se está investigando el caso de expulsión de 13 inmigrantes, todos de origen subsahariano, de un centro de menores. Ninguno supera los 17 años.

Estos menores, al parecer, causaban problemas en el vecindario, y ese ha debido ser el motivo de expulsión. ¿El problema? Es dejarles en la calle para que sigan causando problemas en otros barrios de vecinos, quienes, si los desean expulsar, serán acusados de racismo.
Las infraestructuras ONGeras no pueden deshacerse de los problemas como si de muerto se tratase. En primera instancia, el menor inmigrante entrado ilegalmente, debe ser repatriado exactamente igual que el adulto ¿les condenas a la orfandad? ¿Es eso bueno para un niño? ¿O a la dependencia de este Estado y luego echarlo a la calle con una mano delante y otras detrás en su mayoría de edad? Eso es crear una cantera de delincuencia en potencia, que sufriremos los ciudadanos de a pie, no los que ponen en activo esas políticas y acciones, siempre somos nosotros. Y el cambio depende de nosotros, aunque no nos lo creamos.
Se alimenta el problema y se falsifica o prostituye el buen samaritanismo, con una utilización de recursos en beneficio propio y un escurrir el bulto para que lo cargue otro cuando nos sea excesivo el problema.
La bomba de relojería que se está instalando en nuestras calles, sumado a los efectos de la crisis a nivel laboral y social, es para mejor ni pensarlo y así evitar salir corriendo, o bunkerizar nuestra casa, el que la tenga en propiedad.
Tras expulsarles, a los 13 se les derivó a Cruz Roja, quien les ha ayudado al darles alojamiento temporal en varias pensiones repartidas por la ciudad. A costas del dinero público igualmente, cuando esto es más que evitable. No se puede condenar a vagar por las calles a nadie y en su manía de aceptar a todo inmigrante, y por obligatoriedad al menor, es lo que hacemos.
Nuestro “adorable” sistema es lo que crea, una masa desenraizada condenada a la delincuencia que nos lanza a las calles, a nuestras espaldas, y mientras al público español se le hace creer que todo está bajo control, sin ponernos a pensar en lo que esto va a generar día a día en nuestras calles y ya genera, solo que hay orden de silencio.
¿Y a que parte del sistema que los dejó ahí culpamos? Cuando suceda una violación, un robo, o un asesinato, no se queden en la condena al inmigrante y con la mayor contundencia, extiendan su mano al sistema que alimentan con sus votos, esos partidos de izquierdas que gobiernan y fomentan su venida y quedada en este país, que blindan de derechos a ellos, negándonos los nuestros, y esos de derechas que cuando gobernaban lo han hecho igualmente solo que más encubierto. Mientras tanto distráiganse con la delincuencia creciente en nuestras calles, que ellos, los políticos, seguirán valiéndose de nuestra estupidez para pegarse la vida padre.
Sean humanos de verdad y devuelvan a los menores inmigrantes a sus hogares, con su gente y no les condenen a que los tengamos que condenar.

Carmen Padial.


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