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Reflexiones sobre la crisis de Gaza. Contra la simplificación mecanicista

Había decidido no hablar del conflicto de Gaza porque cualquier toma de posición a favor de unos o de otros puede ser malentendida. Este es un tipo de conflicto en el que el único enfoque razonable sería, en principio, el humanitario. Intentar dirimir quién tiene razón es un completo absurdo: las causas originarias del conflicto datan de hace más de 60 años y ya se ha perdido su recuerdo. En lo que se refiere al “enfoque humanitario” para eso ya están las ONGs y los gobiernos y medios de comunicación que lo utilizarán para obtener alguna tajada acorde a sus intereses. Lo único que podemos hacer desde infokrisis es extraer algunas enseñanzas de este conflicto.

Debido a la extensión del artículo, os remitimos directamente al blog de Ernesto Milá.


4 Responses to “Reflexiones sobre la crisis de Gaza. Contra la simplificación mecanicista”


  1. 1 Juan Antonio
    enero 9, 2009 a las 9:03 pm

    PUBLICADO EN LA LISTA DISIDENCIAS.

    Mis reflexiones a “Reflexiones sobre la crisis de Gaza”

    Con todo el cariño y respeto, efectivamente, no podemos coincidir. Una no coincidencia que se basa no en religiones del libro ni en la superchería progre, sino precisamente, partiendo del espíritu europeo, de la búsqueda de la objetividad y de la toma de decisiones políticas en la línea que nos marco nuestro Carl Schmitt.

    Aceptando que hay un enfoque humanitario (postura moral exigible, independiente de su instrumentalización por ONGs y otras entidades) que ya sería más que suficiente para colocarnos del lado de los palestinos frente a la barbarie sionista, ¡claro que desde la objetividad es posible dirimir quien tiene la razón! Y es posible porque los hechos están ahí, son recientes históricamente y contrastables para cualquiera que se acerque al tema con rigor. Las causas del conflicto datan digamos de 60 años… desde el punto de vista histórico es muy poco tiempo para “perder el recuerdo”. Basta el ejemplo de nuestra misma guerra civil (70 años) para darnos cuenta de que la “memoria histórica” no se pierde tan fácilmente.

    Analizar el conflicto y decidir con objetividad, atender a su carácter poliédrico, revisar sus flecos en la geopolítica mundial, entender las relaciones de poder dentro del contexto internacional, etc., no tiene por qué hacerse obligatoriamente desde un determinado paradigma (sea mecanicista, maniqueísta, holista o mediopensionista).

    Admitamos un paradigma holista enraizado en la realidad material (es decir, dialéctico), admitamos la búsqueda de la realidad tal como es, pero jerarquizándola, como siempre ha correspondido a todo análisis de la realidad en las culturas europeas. Porque sin “jerarquizar” los hechos, corremos el riesgo de exagerar la importancia de parte de la realidad no determinante en el proceso que se analiza… porque dentro del análisis holista (dialéctico) se analizan procesos, no hechos estáticos.

    Es fácil caer en reduccionismos al analizar lo que ocurre en Gaza, pero no menos reduccionista es “extraer” una parte del proceso y convertirlo en categoría para los “europeos de hoy”. Y me explicaré.

    Es cierto, “No es éste, en definitiva, el tiempo en el que valga la pena opinar sin conocer hasta el fondo de los problemas”. En este mismo foro, comentaba precisamente la necesidad del debate en profundidad y de conocer a fondo el problema. Y cuando se estudia el tema a fondo y con rigor, las dudas están claras y no es difícil la decisión sobre por quien tomar partido DESDE EL PUNTO DE VISTA DE NUESTRAS CONCEPCIONES IDEOLÓGICAS. Y si eso es así, es que hay respuesta, aunque uno sea europeo, esquimal o bantú, y por tanto, el silencio deja de ser virtud para convertirse en aliado circunstancial de una de las partes, la más poderosa.

    Dices que “No hay que recordar que el conflicto dura más de sesenta años y que en ese tiempo ha ido acumulando capas y capas que cada vez lo han alejado más del problema originario que, a fin de cuentas no era otro que si Israel tenía o no derecho a un Estado propio en una tierra que hasta ese momento había pertenecido a los palestinos”. Es evidente que por “muchas capas” que se acumulen por el paso del tiempo, eso no oculta el factor principal y fundamental que está en el origen del conflicto y que tú mismo señalas: un pueblo alógeno que construye un Estado propio EN UNA TIERRRA EN LA QUE VIVÍA OTRO PUEBLO. Pregunto: sin este factor ¿estaríamos hablando ahora mismo de barbarie sionista en Gaza? Este es el quiz de la cuestión, y lo demás, efectos, consecuencias, derivadas, aspectos coyunturales, etc.

    Y no vale el argumento de los 60 años. Como no valía para que los pueblos peninsulares, siglos después de la invasión musulmana, perdieran la memoria de “recuperar” su tierra, su cultura, su identidad,… por muchas “capas” que la historia echara en ¡ocho siglos! Al igual que tres siglos después somos muchos los que no olvidamos Gibraltar y soñamos con echar a los putos ingleses al mar. Si sostenemos que en estas situaciones patrias nos acompañaba la razón y la justicia, esa misma objetividad europea nos obliga a reconocer que en el caso del conflicto del Próximo Oriente, la razón y la justicia están del lado palestino. ¿Veis como la decisión de por quién tomar partido es muy sencilla?

    Que “La ley del Talión no es desde luego la mejor forma de resolver los asuntos”, cierto; que “Israel ha enmascarado frecuentemente su afán de supervivencia detrás de una brutalidad inmisericorde y de iniciativas desafiantes y represalias incalificables” cierto; que “los palestinos han demostrado una completa ineptitud para manejar su conflicto: anteayer, ayer y hoy”, vale, lo damos por cierto;… pero nada de eso anula ni elimina la RAZÖN DE FONDO del conflicto.

    Las razones de EEUU son todas las que señalas, aún negándolas, y sería muy largo entrar en ello aquí y ahora. Pero da igual, fuese cual fuese la “razón yanqui”, como europeo me es “extraña” y me importa una mierda. Si la objetividad sobre la razón y la justicia me dice que me posicione con el pueblo palestino, váyanse a la mierda los yanquis y cualquiera que fuese su razón, más aún cuando es un Estado enemigo de Europa y de España. Ya ves, han pasado más de 60 años y yo me sigo acordando del Maine, y de la “liberación de Europa” en 1945.

    Dicho todo esto, los cuatro puntos a los que reduces el conflicto judeo-palestino pueden orientarse de otra forma, y así puede aceptarse si se tiene la voluntad política de tomar la decisión y tomar partido:

    – Sí tiene remedio: Reconocer la existencia de un Estado palestino en los territorios señalados en la resolución 181 de la ONU, resolución injusta pero legal, al ser aceptado por la potencia colonial que regentaba aquél territorio; el retorno de los refugiados, la retirada de los territorios ocupados (incluidos los del Líbano y Siria) y la anulación de la confiscación de tierras; el abandono de Jerusalem, y las indemnizaciones correspondientes por décadas de ignominia y crímenes.
    – Es posible dar la razón al que objetivamente la tiene: creo que ha quedado bastante claro en todo lo anterior.

    – Cualquier toma de posición se presta a confusiones: ninguna confusión. Se puede (y se debe) tomar partido por quién, con un análisis riguroso y unos datos contrastables, desde una determinada concepción del mundo, estamos convencidos de que tienen la razón y merecen la justicia. Por ello, apelando a esa objetividad tan europea, el silencio es sospechoso, porque la decisión política implica distinguir al enemigo, es decir, implica tomar postura. Es que es de sentido común.

    – Es un conflicto interminable: cierto. Y mientras se mantenga la situación de injusticia no habrá acuerdo posible por muchos 60 años que pasen.

    Y esto es lo fundamental, la contradicción primaría que diríamos en un análisis dialéctico. Luego existen las contradicciones secundarias, que también influyen, que duda cabe, como el tema de la corrupción de muchos lideres palestinos, los atentados islamistas fruto de la desesperación, la mentalidad de los pueblos semíticos, sus formas culturales tan extrañas a nuestra idiosincrasia, etc. Pero nada de esto, elimina los hechos objetivos y contrastables por los que se produce y desarrolla el conflicto hasta nuestros días.

    Finalmente, sobre “los problemas añadidos” sí quiero referirme a uno en concreto que me temo está en el fondo de la cuestión del “silencio” a la hora de tomar partido: “Es muy difícil separar la defensa del pueblo palestino de otro problema que nos afecta extraordinariamente: la islamización de Europa”. Es difícil porque se parte de una premisa no demostrada: “la islamización de Europa”. Porque los hechos van en la dirección de que en esta puta Europa no hay pensamiento religioso, espiritual, y casi cultural que resista la avalancha del consumismo-capitalismo y la colonización cultural americana. Europa ni se islamiza, ni se cristianiza, ni se paganiza, ni ná. Aquí se vende y triunfa todo tipo de materialismo vulgar y ateísmo de charanga. Continente sin valores, anómico, nihilista, corrupto, podrido, putrefacto, necesitado de una catársis que lo espabile aunque sea a hostias. Si el día de mañana, el Islám triunfara no sería más que por una ley natural que un gran europeo expresó de forma clara: la naturaleza le tiene horror al vacío. Y este continente está vacío de todo. Pero sobre todo de alma. Y me temo que ni siquiera el islamismo tendría la fuerza suficiente para llenar tanto vacío.

    No, no vale el argumento. Ni islamización es lo mismo que inmigración (sólo una parte de ésta es islámica, y en España ya no es ni el grupo mayoritario). Ni la inmigración tiene que ver con el problema palestino. Ni el peligro principal para la identidad europea es la islamización (en todo caso, un riesgo colateral).

    ¿Entonces? Pues que es muy difícil convencer a parte del denominado movimiento anti-inmigración de que se posicione al lado de los palestinos en el conflicto de Gaza, cuando dicho movimiento se está construyendo con un discurso simplista y maniqueo, donde el inmigrante islámico es el mal absoluto. ¿Qué conviene entonces? Callarse y quedarse en casa ante un “problema distinto y distante”. Comprensible, oportuno, pero desde luego, no muy acorde con la tradición europea que desde las legiones hasta aquellos que se dejaron la vida en las estepas del Este, a muchos km. De distancia de su Patria, dieron ejemplo a miles de generaciones.

    Por eso, voluntariamente, no se hablará ni una sola línea del conflicto de Gaza en Identidad… “a pesar de que si el lector lee la revista, inmediatamente sabrá cuál es la posición ante el conflicto de Gaza”, porque sabemos que, fieles a la razón y a la justicia, esa posición no puede ser otra que la de tomar partido por el pueblo palestino, masacrado, una vez más, por la entidad sionista denominada “Israel”.

    Con todo respeto, recibe igualmente mis saludos.

    Juan Antonio

  2. enero 10, 2009 a las 1:16 am

    Yo solo puedo leer y aprender. Ojalá este tipo de discusiones salgan algún día por televisión o algún periódico o revista de tirada nacional multitudinaria y no la mierda simplona que nos escupen todos los dias en los medios de desinformación.
    ESTO ES CULTURA ACTUAL!!

  3. 3 rodrigo
    enero 12, 2009 a las 12:09 pm

    ¿Israel estado sionista enfrentado al Judaismo errante e internacional?
    http://latue.blogspot.com/2009/01/marx-y-los-judos-por-marcos-ghio.html

  4. 4 Rodolfo Plata
    noviembre 30, 2010 a las 5:44 pm

    ISLAMISMO Y JUDAÍSMO SON AFLUENTES DE LA LETRINA TEÍSTA QUE IMPONE POR LA FUERZA LO QUE NO ACEPTA LA RAZÓN NI EL SENTIDO COMÚN. Y para derrotarlos solo es necesario actualizar el cristianismo de tal modo que se pueda vivir y practicar, no en y desde lo religioso y lo sagrado, sino en y desde el humanismo secular, la pluralidad y el sincretismo. Enmarcándolo en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana, conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las respuestas y aplicaciones que la ciencia ha dado a los planteamientos trascendentales: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.). Sincretismo religioso expresado por Raimon Panikkar fruto de sus frecuentes viajes a la India: «Me marché cristiano, me descubrí hindú y regresé budista, sin haber dejado de ser cristiano». http://www.scribd.com/doc/42618497/Imperativos-Que-Justifican-y-Exigen-Urgentemente-Un-Nuevo-Enfoque-Del-Cristianismo


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